





Registro del Monasterio de los Descalzos
Anno Domini 1745, Día de Todos los Santos
En esta noche de viento y sombras, se presentó ante nuestras puertas un joven en estado de completo desasosiego. Vestía ropas empapadas por la tormenta y su rostro estaba marcado por el terror. Entre sollozos, declaró haber tenido contacto con el demonio mientras se encontraba junto a la cruz de nuestro atrio.
El joven, que se identificó como don Diego, pidió refugio y suplicó permiso para ingresar en nuestra orden. Relató que, al aferrarse a la cruz, el demonio desapareció, dejando una marca visible en la piedra como testimonio de su redención. Según sus palabras, fue en ese instante cuando prometió entregar su vida al servicio del Señor y abandonar su vida de pecado.
Tras deliberación con el prior, se decidió aceptarlo bajo estrictas condiciones de penitencia. Desde su ingreso, ha demostrado un fervor inquebrantable, dedicándose con diligencia a las oraciones y las tareas de la comunidad. Que este hecho sea recordado como ejemplo de la misericordia divina, que nunca abandona a quienes la buscan.
Fray Esteban
Escribano del Monasterio de los Descalzos
