Tras la propuesta de Diana, Diego, dubitativo, decide seguir sus pasos. El viento ululaba en la hoz del Júcar mientras Diego y Diana descendían por el camino. La noche parecía aún más oscura, y el silencio, más inquietante.

Diana lideraba el camino con paso firme. Sus ojos oscuros, como pozos sin fondo, mantenían a Diego cautivado, aunque una inquietud comenzaba a instalarse en su interior.

¿Qué pasa, Diego? ¿El valiente está empezando a temer la noche?

El sendero angosto y resbaladizo parecía retar a los caminantes. Diego, hasta entonces seguro de sí mismo, comenzaba a sentir que algo no estaba bien.

¡No temo a nada! Pero este lugar… tiene un aire extraño, ¿no crees?

Finalmente, la cruz apareció a lo lejos, iluminada por el tenue resplandor de la luna. Para Diego, parecía un lugar seguro en medio de la noche oscura.