
El marido, tras recibir rumores sobre su esposa, decidió comprobar por sí mismo si las habladurías eran ciertas. Su paso firme resonaba en el camino que llevaba al Recreo Peral, cada vez más cerca de la fuente.

Cuando llegó a la fuente, no encontró a nadie. Pero algo llamó su atención: un abanico descansaba junto al banco, atrapando un rayo de luz que lo hizo brillar como una prueba irrefutable.
¿Qué significa esto? Esposa mía… este es tuyo. No cabe duda.

Mientras el marido examinaba el abanico, la esposa corría desesperadamente por las calles empedradas, rezando para que él no la hubiera visto.

Por su parte, el caballero se mantuvo oculto, consciente de que cualquier movimiento podría delatarlo. Todo dependía de que el marido no supiera hacia dónde mirar.
Convencido de la traición, el marido decidió regresar a casa. El abanico era todo lo que necesitaba para exigir explicaciones a su esposa.








