Prométeme que no harás nada imprudente, Julián. Esto podría salir muy mal.

No te preocupes, hermana. Solo miraré desde lejos. Mañana tendrás todas las respuestas que buscas.

Julián estaba decidido. Su hermana sabía que no podría detenerlo, y aunque su preocupación era grande, solo le quedaba esperar.

Esa noche, mientras el viento soplaba con fuerza entre las calles de Cuenca, Julián salió hacia la Torre de Mangana, guiado por una mezcla de curiosidad y valentía. Sin saberlo, su decisión lo llevaría a enfrentarse a lo desconocido.