

Han pasado varios años desde que Julián partió a las guerras en Italia. Durante ese tiempo, la vida en Cuenca siguió su curso. Las calles empedradas fueron testigos de cambios, y entre ellos, el corazón de Angustias, que había cedido a la presión de su familia y la persistencia de Lesmes.

Mientras tanto, Julián luchaba en tierras lejanas, enfrentándose a peligros y sacrificios que lo llevaron a ser reconocido como un hombre valiente y honorable. Al final de su servicio, cargado de gloria y esperanza, decidió regresar a su amada Cuenca, ansioso por reencontrarse con Angustias.



Cuando llegó a la ciudad, Julián no quiso anunciar su regreso. En su mente, solo había un pensamiento: volver al Cristo del Pasadizo donde tantas veces había compartido momentos con Angustias.

Angustias, al fin estoy de vuelta. Pronto volveremos a estar juntos, como lo prometimos.

Pero al llegar, Julián encontró una escena que jamás habría imaginado. Angustias no estaba sola. Junto a ella estaba Lesmes, un hombre que parecía ocupar el lugar que él había dejado vacío.

¿Angustias…? No puede ser… ¿Quién es ese hombre? ¿Qué hace junto a ti?
En un instante, la esperanza de Julián se transformó en furia. El juramento que ambos habían hecho bajo el Cristo del Pasadizo parecía ahora una cruel burla del destino.
